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Bebé misionero

Estabamos yendo a un supermercado que sólo visitamos para comprar cosas específicas, pues allí venden productos del exterior que son difíciles de encontrar en otros lugares por aquí. No frecuentamos siempre el local, talvez una vez por mes, pero cuando así lo hacemos, compramos nuestras cosas favoritas a granel para no tener que volver tan pronto. Durante nuestra última visita, notamos una nueva tienda al lado. Aparentemente, ellos tenían algunos productos asiáticos, una rareza por aquí y que amamos. Volviéndome hacia Paulo, sugerí que echácemos un vistazo.

Preparé a mi hijo, un pequeño galán que adora sonreír y “conversar” con todos. Así como entramos, su atención fue cautivada por la joven que allí trabajaba y que venía aproximándose a nosotros. En medio de mi entusiasmo por redescubrir los productos que tanto sentia falta y que no conseguía encontrar ningún lugar, dije a Paulo que, con certeza, nos convertiríamos clientes habituales. Mientras estoy verificando la mercadería, mi hijo no paraba de sonreír e intentar llamar la atención de la joven.

Habiendo reunido todo lo que necesitábamos, listos para pagar, Paulo tomando a nuestro bebé, le dije a la joven cuánto me gustaba la tienda y le aseguré que seríamos visitantes frecuentes. cuando estabamos saliendo, dijimos bromeando a nuestro hijo: “Dile ‘adiós’ a la joven”. Para nuestra sorpresa, realmente se despidió cuando se lo pedimos. Quedamos todos tan sorprendidos que las lágrimas brotaron. Nosotros, claro, porque siempre nos emocionamos en las “primeras veces”, pero no sabíamos por qué eso afectaba también a la joven. Cuando ella mencionó: “Los bebés parecen nunca gustar de mí, no sé por qué”. Eso nunca sucedió antes, quedamos aun más emocionados. Saliendo de la tienda, parecía que fuimos llevados hasta ese lugar en aquél día para traer alegria a esa joven.

Antes de embarcarnos en nuestro viaje para convertirnos en padres, oramos para que Dios nos bendijera con un hijo en el momento correcto. Escogimos su nombre con la esperanza de que fuera una luz en la vida de las personas, bendiciéndolas incluso a tan tierna edad. Fue la segunda vez que alguien, com lágrimas en los ojos, compartió que los bebés generalmente no gustan de ellos, ¡pero el nuestro si!. Aunque nuestro hijo sea, sin duda, una bendición para nosotros, saber que él trae alegría a otros es el mejor presente que los padres pueden recibir. Oro para que nuestro pequeño misionero continúe iluminando personas, especialmente aquellas que se sienten desapercibidas y negligenciadas.

Paulo y Helena Cruz* son misioneros de carrera en el projeto Kosovars desde 2022

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